Lo que no te cuentan: El bloqueo de Ormuz llega a mi termo de gasolina

Cuando la crisis del Golfo Pérsico se traduce en que no puedo llenar el depósito
A las 8:47, en la gasolinera de la calle Soria, el surtidor se negó a despachar. No era avería. No era huelga. Era "problemas de suministro", decía el cartel escrito a mano, como en los ochenta, como en otra época que no viví pero que mis padres evocan con nostalgia mezclada de terror.
"En el universo de los conductores, existen tres categorías de seres: los que llenan, los que reservan, y yo. Yo habito el vacío entre ambas, con el testigo en rojo, mirando cómo la crisis del estrecho de Ormuz —ese lugar que no sabía ubicar en el mapa hasta ayer— se cuela en mi depósito, en mi vida, en mi incapacidad para llegar a Alcorcón."
La UE entra en modo ahorro. España apuesta por impuestos a las energéticas. Francia teme un shock de precios. Yo temo no llegar al trabajo. Esa es la traducción de la geopolítica: el Golfo Pérsico se reduce a kilómetros de autonomía, a cálculos mentales, a la pregunta de si apagar el aire acondicionado en verano compensa el estrés de saber que Irán y sus proxies controlan el 20% del comercio mundial de petróleo.
La consulta
He preguntado en el Ministerio. Bueno, en su web. He llamado a mi hermano, que entiende de economía internacional y me habló de chokepoints, de estrategia naval, de por qué Estados Unidos no interviene directamente. Incluso al dependiente de la gasolinera, Manolo, que me miró con ojos de quien ha visto colas antes, de quien sabe que el pánico compra más que la necesidad, de quien guarda bidones en el almacén "por si acaso".
Todos coinciden: no es falta de petróleo. Es incertidumbre. Es el mercado especulando. Es que el precio sube antes de que falte, que el miedo es más caro que el barril. España propone impuestos a las eléctricas. Francia pide calma. Alemania mira sus reservas. Yo miro mi cuenta corriente, que no tiene reservas, que no entiende de chokepoints, que solo sabe que mañana el trayecto a la oficina costará más que ayer.
Mi vecina, doña Carmen, dice que es conspiración. Que el petróleo sobra, que lo guardan, que nos lo cuentan todo para asustarnos. Doña Carmen tiene coche pero no lo usa. "Para eso está el bus", dice. El bus que también usa gasóleo. El bus que también subirá. El bus que es Ormuz con paradas cada cien metros.
El veredicto
Anoche soñé que era un petrolero. Estaba en el estrecho, inmóvil, rodeado de buques de guerra que no disparaban, que solo miraban, que esperaban que alguien decidiera si valía la pena. No tenía carga. Solo tenía potencial. Y paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, algún político hablaría, alguna cumbre decidiría, alguna solución conjunta llegaría.
"Desperté con la certeza de que, en algún plano energético, ya no existo como ciudadano. Existo como consumidor. Y que Ormuz, aunque lejano, me conoce mejor que mi gobierno: sabe que necesito moverme, que necesito trabajar, que necesito que mi vida no dependa de un estrecho de treinta kilómetros que no he visto nunca, que no veré nunca, que existe en mapas y en noticias y en esta columna que nadie pidió, que nadie leerá, que yo escribo mientras el surtidor marca cifras que suben, que suben, que suben, como el Mediterráneo, como la tensión, como todo, como siempre, como la vida en Madrid que es esto, que es esperar, que es llenar el depósito con miedo, que es saber que mañana será peor, que pasado quizás mejor, que quizás no, que nadie sabe, que todos mienten, que el impuesto a las energéticas no me devuelve el dinero, que el shock de precios de Francia es mi shock, que la solución conjunta nunca llega, que sigo aquí, en la M-30, en la cola, en el humo del escape, en Madrid, en España, en Europa, en el mundo que gira con petróleo que no es mío, que nunca fue mío, que se acaba, que siempre se acaba, que mañana habrá más, que mañana habrá menos, que el gallo canta, que el gallo fuma, que yo sigo, que sigo, que sigo."
Javier Morales es autor de "Geopolítica del depósito lleno y otras quimeras". Vive en Madrid, donde los coches son necesarios y la gasolina es política, donde todos dependemos de estrechos que no vemos, donde esta columna es mi único combustible, mi única ruta, mi única autopista.
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