El Hombre Que Hizo Fortuna Con El Hambre En Venezuela

Hilo sobre el empresario colombiano que se hizo millonario vendiendo comida vencida en cajas de cartón a los hambrientos de Venezuela, sobornó a los hijastros de Maduro, fue ministro de Industria, indultado por Biden en…
Lo Que No Te Cuentan: El hombre que vendió comida podrida en cajas de cartón a los hambrientos de Venezuela —y ahora la DEA le pasea por Miami como trofeo
Alex Saab aterrizó en Miami el 16 de mayo de 2026, escoltado por agentes de la DEA. La cara que muestra en la foto —la que circula por todos los medios— es la de un hombre que construyó un imperio de mil millones de dólares vendiendo alimentos de dudosa calidad a los más pobres de Venezuela. Que sobornó a los hijastros de Maduro. Que lavó dinero a través de sociedades pantalla en Hong Kong y México. Que fue ministro de Industria del mismo régimen que ahora lo deporta. Y que, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, se quedó con cientos de millones mientras los venezolanos dependían de sus cajas CLAP para no morirse de hambre.
Alex Saab nació en Barranquilla, Colombia, el 21 de diciembre de 1971.
Empezó fabricando llaveros y materiales publicitarios para graduaciones. Un emprendimiento común. Un hombre común. Pero encontró en la Venezuela de Hugo Chávez —y luego de Nicolás Maduro— el escenario perfecto para convertirse en algo más que un empresario.
Se convirtió en el engranaje financiero del chavismo.
En 2011, obtuvo un contrato gubernamental para construir viviendas de bajo costo. Pero su verdadero negocio empezó en 2016, cuando el régimen de Maduro creó los CLAP: Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Cajas de alimentos subsidiados que distribuían a los barrios pobres, a quienes dependían del Estado para comer.
Saab y su socio, Álvaro Pulido, idearon la estructura.
Compraban alimentos en el extranjero —a menudo de dudosa calidad, en mal estado o caducados— a través de una red de sociedades pantalla. Group Grand Limited, con sede en Hong Kong y registrada en México. Embalaban en plantas de procesamiento. Enviaban a Venezuela. Emitían facturas fraudulentas que reflejaban valores sobrevaluados.
Y se quedaban con la diferencia.
Las cajas del hambre
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo describió con precisión brutal en julio de 2019:
"Alex Saab colaboró con allegados del círculo interno de Maduro para gestionar una red de corrupción de gran escala que utilizaron sin piedad para explotar a la población hambrienta en Venezuela".
El régimen usaba los CLAP como herramienta política. Premiaba a los leales. Castigaba a los opositores. Y Saab se enriquecía en el proceso.
Las cajas llegaban a los hogares venezolanos con productos de valor nutricional inferior. Alimentos que no cumplían estándares. Que en muchos casos estaban vencidos. En cajas de cartón que simbolizaban la "ayuda" del Estado.
Mientras tanto, Saab sobornaba a los hijastros de Maduro —Walter, Yosser y Yoswal Gavidia Flores, conocidos como "Los Chamos"— para mantener el acceso a contratos públicos. Pagaba comisiones ilícitas a funcionarios como José Gregorio Vielma Mora, exgobernador de Táchira, y Rodolfo Marco Torres, exministro de Alimentación.
La fortuna estimada: más de mil millones de dólares.
Construida vendiendo comida podrida en cajas de cartón a gente que no tenía otra opción.
El diplomático que no era diplomático
En 2018, Maduro nombró a Saab "enviado especial" de Venezuela. Le dio pasaporte diplomático. Nacionalidad venezolana.
No era un gesto de gratitud. Era un escudo.
En junio de 2020, Saab fue detenido en Cabo Verde cuando su avión privado hizo escala para repostar. Viajaba de Venezuela a Irán, supuestamente en "misiones humanitarias" para traer alimentos y combustible.
Maduro respondió con una campaña sin precedentes. Declaró a Saab diplomático oficial. Llenó las calles de Venezuela con pintadas de #FreeAlexSaab. Su esposa, Camilla Fabri, se convirtió en rostro de la causa.
En octubre de 2021, fue extraditado a Estados Unidos. Enfrentó cargos de conspiración para lavar dinero.
Pero no cumplió dos años preso.
En diciembre de 2023, Joe Biden lo indultó como parte de un intercambio de prisiones. Venezuela liberó a diez estadounidenses y una veintena de presos políticos. Saab regresó a Caracas como héroe.
Maduro lo recibió en Miraflores. Lo llamó "un hombre valiente y patriota". Lo designó presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva. Luego ministro de Industria y Producción Nacional.
Desde fabricante de llaveros en Barranquilla a ministro en Caracas.
La caída que no fue caída
En enero de 2026, todo cambió.
Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses. Su esposa, Cilia Flores, también. Delcy Rodríguez se convirtió en presidenta encargada de Venezuela.
El 16 de enero de 2026, Rodríguez destituyó a Saab del ministerio. Fusionó Industria con Comercio Nacional. "Asumirá nuevas responsabilidades", dijo. Sin precisiones.
En febrero de 2026, Saab fue detenido en circunstancias secretas. Su paradero se desconoció oficialmente durante meses.
Hasta el 16 de mayo de 2026.
Ese día, el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela anunció su deportación a Estados Unidos. "En cumplimiento de las disposiciones normativas de la legislación migratoria venezolana".
Saab aterrizó en Miami escoltado por la DEA. La misma agencia que lo había extraditado en 2021. La misma que ahora lo recibía como trofeo de una geopolítica que había cambiado de dueño.
El giro polémico
Aquí está el truco que nadie menciona.
Alex Saab no es un villano que engañó a un régimen ingenuo. Es el producto perfecto de un sistema diseñado para producir exactamente lo que él produjo.
Los CLAP no fueron una idea de Saab. Fueron una idea de Maduro. El mecanismo de control social —alimentos por lealtad, hambre por disidencia— ya existía. Saab solo lo optimizó. Lo monetizó. Lo convirtió en una máquina de corrupción que beneficiaba a todos los eslabones de la cadena.
La ironía definitiva: el mismo régimen que ahora lo deporta como "criminal" fue el que lo creó, lo protegió, lo nombró ministro y durante años llenó las calles con su nombre pintado en paredes. La misma Delcy Rodríguez que anunció su destitución en enero ahora firma su deportación en mayo.
Pero hay algo más incómodo.
Saab no es único. Es un modelo replicable. Cada régimen que controla la distribución de alimentos necesita intermediarios como él. Cada programa de subsidios crea Alex Saabs. La diferencia no es moral. Es de escala.
Y Estados Unidos, que ahora lo pasea como trofeo por Miami, lo indultó en 2023. Lo liberó. Lo devolvió al mismo régimen que ahora denuncia. Porque en 2023, el intercambio de prisiones valía más que la justicia. Y en 2026, la geopolítica cambió de nuevo.
Traducción: Saab no es un criminal atrapado. Es un activo que pasó de mano en mano. De Maduro a Biden. De Biden a Trump. Cada uno lo usó para lo que necesitaba. Y ahora, la foto de Saab bajo custodia de la DEA sirve para legitimar una intervención que, hace tres años, lo consideraba prescindible.
La pregunta que no te dejará dormir
Si mañana un empresario de tu país se hiciera millonario vendiendo comida vencida en cajas de cartón a los pobres —sobornando a los hijos del presidente, lavando dinero por Hong Kong, siendo nombrado ministro y luego deportado como criminal cuando el régimen cambia de dueño— ¿lo llamarías justicia?
¿O preferirías admitir que la única diferencia entre un corrupto y un peón geopolítico es quién controla la narrativa el día que lo sacan en esposas?
