×
Mundo

Karl Bushby Lleva 27 Años Caminando A Casa

Karl Bushby Lleva 27 Años Caminando A Casa

Hilo sobre el ex paracaidista británico que en 1998 apostó que caminaría desde Chile hasta su casa en Inglaterra. Han pasado 27 años. Cruzó la selva del Darién, el hielo del Bering, nadó el Caspio. Su hijo tenía 3 años.…

o Que No Te Cuentan: El paracaidista que apostó que caminaría desde Chile hasta su casa —y 27 años después sigue sin llegar

Karl Bushby salió de Punta Arenas, Chile, el 1 de noviembre de 1998 con 500 dólares en el bolsillo, una carretilla apodada "La Bestia" y la certeza de que llegaría a Hull, Inglaterra, en 12 años. Han pasado 27. Ha caminado 47.000 kilómetros. Ha cruzado la selva del Darién, el estrecho de Bering sobre hielos flotantes, ha nadado 288 kilómetros en el Mar Caspio, y ha pasado más tiempo en oficinas de inmigración que en senderos. Su hijo tenía 3 años cuando se fue. Ahora tiene 30. Y Bushby dice que llegará en septiembre de 2026. Pero primero necesita que le dejen cruzar el Canal de la Mancha a pie.

Karl Bushby nació en Hull, Yorkshire, el 30 de marzo de 1969.

Se alistó en el ejército británico a los 16 años. Sirvió 11 años en el 3er Batallón del Regimiento de Paracaidistas. Estuvo en Irlanda del Norte. Se casó con una mujer de Belfast. Tuvieron un hijo, Adam, en 1995. Se divorciaron.

En 1998, tenía 29 años. Había dejado el ejército. No tenía plan. Tenía una apuesta: podía caminar desde el extremo sur de Sudamérica hasta su casa en Inglaterra. Sin usar transporte mecánico. Sin volver a casa hasta terminar.

El 1 de noviembre de 1998, con un desfile del Día de Muertos de fondo, salió de Punta Arenas, Chile. Con 500 dólares. Una carretilla. Y una regla que él mismo inventó: si el camino se interrumpe, puede volar a un "área de espera" —generalmente México— hasta que la burocracia o la geografía le permitan continuar.

La selva que no debería haber cruzado

El primer obstáculo llegó pronto.

El Darién. La frontera entre Colombia y Panamá. 160 kilómetros de selva, pantano y guerrilla. El lugar donde los migrantes mueren hoy, en 2026, por las mismas razones que Bushby enfrentó en 2001: paramilitares, ríos sin nombre, vegetación que devora los senderos.

Los lugareños esperaban que lo mataran. Las FARC veían a todo extranjero como potencial espía del Plan Colombia.

Bushby sobrevivió. Evadió a la guerrilla. Entró a Panamá en febrero de 2001. Pasó 18 días en una cárcel de Metetí por entrar sin visa.

Cruzó Centroamérica. México. El 29 de abril de 2002, entró a Estados Unidos por Nogales, Arizona.

En Las Vegas, su visa de 90 días expiró. Voló a Bogotá. Esperó. Reaplicó. Volvió a Las Vegas en agosto.

En Año Nuevo de 2003, a un día de cruzar a Canadá, le robaron la carretilla en un bar de Montana. Pasó un mes reemplando equipo. La carretilla apareció en una cantera justo cuando estaba listo para irse.

El hielo que no debería haber soportado

En marzo de 2006, Bushby y el aventurero francés Dimitri Kieffer cruzaron el estrecho de Bering.

93 kilómetros de agua congelada entre Alaska y Siberia. El hielo nunca forma una capa sólida. Corrientes lo rompen. Crean un laberinto de témpanos flotantes, agua negra, vientos árticos.

Nadie había cruzado a pie de Alaska a Rusia. Un padre y su hijo habían hecho el trayecto inverso, casi muriendo en el intento.

Bushby y Kieffer tardaron 14 días en recorrer 240 kilómetros de hielo móvil. Saltando entre témpanos. Nadando en agua helada. Durmiendo en tiendas que vibraban con cada movimiento del hielo.

Bushby escribió en su diario:

"Son las 4 de la mañana y estoy despierto. No suena bien afuera. No estamos en un témpano particularmente grande y hay crujidos a nuestro alrededor. De repente, ondas de choque sacuden la tienda, un sonido profundo y retumbante viene de abajo. Me siento, ojos abiertos, corazón palpitando. Si no solo escuchas el hielo sino que sientes cada movimiento que hace, es una buena señal de que las cosas definitivamente no están bien".

Llegaron a Siberia. Fueron arrestados por tropas fronterizas rusas. No habían entrado por un puerto oficial.

La burocracia que casi lo detuvo

La travesía del hielo fue física. Lo que vino después fue peor.

Años de negociaciones diplomáticas. El viceprimer ministro británico John Prescott intervino. El multimillonario ruso Roman Abramovich, gobernador de Chukotka, usó su influencia.

En 2007, Bushby obtuvo permiso para caminar por Rusia. Pero solo 90 días cada 180. Caminó 1.000 kilómetros desde Uelen hasta Dvoinoye. Volvió a Alaska cuando expiró la visa.

En 2008, caminó tres semanas. Llegó a Bilibino. La nieve desapareció en mayo. Los pantanos y ríos se volvieron impenetrables sin hielo.

Cruzó Mongolia. China. Kazajistán. Uzbekistán. Turkmenistán.

En Turkmenistán, se detuvo de nuevo. No podía obtener visa para Irán. Luego vino la pandemia.

El mar que no debería haber nadado

La solución fue absurda.

Bushby y la aventurera Angela Maxwell nadaron el Mar Caspio.

288 kilómetros. En etapas. Desde Kazajistán hasta Azerbaiyán. La única forma de evitar Irán.

Bushby admitió que nadar no era su fuerte. Pero la alternativa era quedarse en Asia para siempre.

Desde Azerbaiyán, caminó hacia Turquía. El 2 de mayo de 2025, cruzó el puente del Bósforo en Estambul.

Dejó Asia atrás. Entró en Europa por primera vez desde 1998.

Su visa turca expiraba ese mismo día. Tuvo que volar a México. Esperar tres meses. Reaplicar.

Aterrizó de nuevo en Estambul en agosto de 2025.

El final que no llega

A noviembre de 2025, Bushby está en Turquía.

Le quedan 3.000 kilómetros. Turquía. Bulgaria. Rumania. Hungría. Austria. Alemania. Francia. Inglaterra.

Dice que llegará a Hull en septiembre de 2026.

Pero hay un obstáculo final que no puede resolver caminando.

El Canal de la Mancha. 35 kilómetros de agua que separan Francia de Inglaterra.

Tres túneles lo atraviesan: dos para trenes, uno de servicio para mantenimiento. Ninguno está abierto al público. Caminar por los túneles de tráfico es ilegal. El túnel de servicio, de 4,8 metros de ancho, requiere autorización especial.

Bushby no quiere nadar el Canal. Dice que no es su fuerte. Navegar no es opción: su propia regla prohíbe transporte mecánico.

Su única esperanza es que las autoridades le permitan usar el túnel de servicio.

Si no, su expedición —27 años, 47.000 kilómetros, cuatro continentes, dos matrimonios rotos, un hijo que creció sin él— terminará a 35 kilómetros de su casa.

El giro polémico

Aquí está el truco que nadie menciona.

Karl Bushby no es un héroe. No es un loco. Es un hombre que apostó algo que no podía perder: su vida.

En 1998, tenía 29 años, un hijo de 3 años, un matrimonio recién roto, y ninguna habilidad civil. El ejército lo había entrenado para sobrevivir, no para vivir. La expedición le dio un propósito que la vida cotidiana no podía ofrecerle.

Pero ese propósito se convirtió en prisión.

Su hijo Adam, que tenía 3 años cuando Bushby se fue, tenía 30 cuando su padre cruzó el Bósforo. Se unió brevemente a la caminata en Estados Unidos en 2014. Pero la mayor parte de su vida, su padre fue una voz por satélite, un blog, una promesa de llegada que se extendía año tras año.

Bushby conoció a Catalina Estrada en Medellín en 2000. La relación fracasó en 2011. Él dijo: "No puedes tener una relación en la carretera".

La ironía definitiva: el hombre que apostó que podía caminar alrededor del mundo sin interrupciones ha pasado más tiempo esperando en oficinas de inmigración, embajadas y aeropuertos que caminando. México se convirtió en su segunda residencia. Bogotá, su oficina de reaplicación de visas. Alaska, su limbo invernal.

Y ahora, a 3.000 kilómetros del final, enfrenta un obstáculo que no puede vencer con determinación: una autorización burocrática para caminar por un túnel de mantenimiento.

Traducción: la expedición que prometió romper todas las barreras termina dependiendo de un permiso de oficina.

La pregunta que no te dejará dormir

Si mañana apostaras que puedes caminar desde el fin del mundo hasta tu casa —y 27 años después estuvieras a 35 kilómetros, con un hijo que no conoces, dos matrimonios rotos, y una burocracia que puede negarte el paso final— ¿seguirías caminando?

¿O preferirías admitir que la única diferencia entre una expedición épica y una vida evadida es que la primera tiene un blog y la segunda tiene terapia?

0% leído

8 min restantes