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Cultura

Lo que no te cuentan: La fiesta después de Matrix 5

Lo que no te cuentan: La fiesta después de Matrix 5

Cuando Neo, Trinity y los agentes celebran en un sótano de Malasaña

A las 2:47, en el sótano de un bar de Malasaña que no tiene nombre en Google Maps, Neo se reía. De verdad. Sin cámara lenta, sin efectos de bala, sin la expresión de quien debe salvar a la humanidad. Solo risa. Gorda. De esas que duelen en los costados, que dejan ver muela del juicio, que hacen que Trinity, a su lado, se agarre el estómago y llore un poco.

"En el universo de las fiestas de rodaje, existen tres categorías de seres: los que fingen diversión, los que la buscan, y yo. Yo habito el vacío entre ambas, con mi vaso rojo de plástico, mirando a Keanu Reeves —que aquí es solo Keanu, que aquí no es elegido, que aquí paga la ronda— y pensando que la Matrix era esto, siempre fue esto, la ilusión de que algo más grande nos controla cuando en realidad solo hay sótanos, y humo, y gente que necesita creer en algo."

Entré por error. O por destino. O porque el portero, un tipo con gafas de sol a las dos de la mañana, me confundió con equipo de producción. No soy equipo. Soy periodista de cultura para un periódico que nadie lee, que escribe columnas que nadie pide, que esta noche se convirtió en testigo de lo que no se debe ver: la humanidad de los dioses digitales.

La consulta

He intentado hablar con ellos. Con Carrie-Anne Moss, que huele a tabaco y a perfume caro. Con Hugo Weaving, que no es Hugo sino un doble de acción australiano que cuenta chistes de canguros. Incluso con el director, que no es Wachowski sino un español de Alcorcón llamado Javi que dice "la Matrix es un estado mental, tío, es el metro de la línea 1 a las ocho de la mañana".

Todos coinciden: Matrix 5 es metapelícula. Es sobre el rodaje de Matrix 5. Es sobre nosotros, aquí, ahora, creyendo que esto es real cuando es set, cuando es luz, cuando es humo de máquina que alguien —Javi, Keanu, el tipo de las gafas— ha programado para que creamos que la fiesta es espontánea, que la risa es verdadera, que el vaso rojo no es product placement.

Mi amiga Laura, que estudió cine, dice que es performance. Que los actores nunca salen de personaje, que esto es método, que Neo está borracho de verdad porque su personaje está borracho de verdad en la escena 47. Laura no vio a Keanu llorar en el baño. No vio cómo salió, se lavó la cara, volvió a sonreír como si nada, como si el código se reiniciara, como si el sistema nunca fallara.

El veredicto

Anoche soñé que era el vaso rojo. Estaba en la mano de Neo, luego en la de Trinity, luego en la del suelo, luego en la mía. No tenía líquido. Solo tenía potencial. Y paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, alguien me levantaría, me llenaría, me vaciaría, me tiraría.

"Desperté con la certeza de que, en algún plano cinematográfico, ya no existo como espectador. Existo como extra. Y que esta fiesta, aunque falsa, me conoce mejor que mi casa: sabe que necesito creer en algo, que necesito ver a Keanu reír para saber que se puede, que la resistencia es posible, que la Matrix tiene puerta de atrás por donde escapar, por donde fumar, por donde escribir esta columna que nadie pidió, que nadie leerá, que yo sigo escribiendo porque es lo único que me queda, lo único que no es CGI, lo único que es mío mientras dure la noche, mientras dure la ilusión, mientras Neo siga ahí, riendo, bebiendo, siendo humano, siendo Keanu, siendo el elegido que eligió no ser elegido, que eligió ser uno más en este sótano de Malasaña donde todo huele a cerveza derramada y a promesas de secuelas que no se rodarán, a spin-offs que no se escribirán, a nosotros, ahora, aquí, suspendidos en la luz de neón, en la risa compartida, en la Matrix que siempre fue esto, que nunca fue otra cosa, que nunca será otra cosa, que es esta columna, que es esta noche, que es este vaso rojo vacío que sostengo como trofeo, como prueba, como única verdad que me queda.

Carlos Vega es autor de "Sets de Madrid y otras realidades simuladas". Vive en Malasaña, donde los sótanos son portales y las fiestas de rodaje son religión, donde todos hemos visto a alguien famoso de cerca, donde todos somos extras en la película de alguien, donde esta columna es mi única escena, mi único primer plano, mi único corte final.

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