La Verdad Detrás de la Fusión de SpaceX y xA

Hilo sobre cómo Elon Musk fusionó SpaceX con xAI por 1,25 billones. SpaceX ganaba 8.000 millones al año. xAI perdía 1.000 millones al mes. Los 11 cofundadores se fueron. La excusa: centros de datos en órbita. La realida…
o Que No Te Cuentan: Elon Musk fusionó SpaceX con xAI por 1,25 billones —y ahora quiere poner centros de datos en órbita porque “es más barato que en la Tierra”
El 2 de febrero de 2026, Elon Musk anunció que SpaceX adquiría xAI en una transacción de acciones que valoraba la entidad combinada en 1,25 billones de dólares. SpaceX aportaba los cohetes, Starlink y 8.000 millones de beneficio anual. xAI aportaba Grok, X (Twitter) y 1.000 millones de dólares en pérdidas mensuales. La excusa oficial: construir centros de datos en órbita, alimentados por el sol y refrigerados por el vacío del espacio. La realidad: xAI estaba quemando 7.800 millones en seis meses y necesitaba un salvavidas. En mayo de 2026, Musk disolvió xAI como empresa independiente. Grok, X y todo lo demás pasaron a la división SpaceXAI. Los 11 cofundadores originales se fueron. Musk es el único que queda. Y la OPV de junio, que podría superar los 2 billones, es la única salida.
El 2 de febrero de 2026, SpaceX anunció que adquiría xAI.
No era una compra con dinero. Era un intercambio de acciones. SpaceX, valorada en 1 billón. xAI, valorada en 250.000 millones. Total: 1,25 billones.
La empresa más valiosa del mundo que no cotiza en bolsa. Hasta que cotice.
Musk lo vendió como visión: “El lugar más barato para poner IA será el espacio”. “Eso será cierto en dos años, quizás tres”. Centros de datos orbitales. Un millón de satélites. Energía solar. Refrigeración por vacío. La ciencia ficción hecha realidad.
Pero detrás de la visión había números que no cuadraban.
Los números que no cuadraban
xAI quemaba aproximadamente 1.000 millones de dólares al mes.
En el tercer trimestre de 2025 perdió 1.460 millones. En el primer trimestre, otros 1.000 millones. En los primeros seis meses de 2025, 7.800 millones en efectivo evaporados.
Mientras tanto, SpaceX generaba unos 8.000 millones de beneficio sobre 15.000-16.000 millones de ingresos. La mayor parte provenía de Starlink, su servicio de internet por satélite.
La fusión no era sinergia tecnológica. Era una transfusión financiera. xAI necesitaba el flujo de caja de SpaceX para seguir existiendo.
Y había una tercera pieza en el tablero: X, la red social antes conocida como Twitter.
En 2025, Musk había integrado X en xAI. Ahora xAI se integraba en SpaceX. Resultado: una estructura de tres capas donde X (pérdidas y deuda de 1.200 millones anuales en servicio) dependía de xAI (pérdidas masivas), que, a su vez, dependía de SpaceX (la única rentable).
La pregunta que los inversores deberían haber hecho es: ¿cuánto tiempo puede SpaceX sostener a las otras dos antes de que llegue la OPV?
Los cofundadores que se fueron
xAI nació en marzo de 2023 con 11 cofundadores.
Igor Babuschkin, ex Google DeepMind. Yuhuai Wu, Kyle Kosic, Manuel Kroiss, Greg Yang, Zihang Dai, Toby Pohlen, Christian Szegedy, Guodong Zhang, Jimmy Ba y Ross Nordeen.
En febrero de 2026, después de la fusión con SpaceX, la mitad se fue.
En marzo de 2026, dos más: Guodong Zhang, jefe del equipo Imagine, y Zihang Dai. Quedaban solo Musk y Ross Nordeen.
A finales de marzo, Nordeen también se fue. Musk quedó como único cofundador.
En abril de 2026, el CFO Anthony Armstrong abandonó la empresa. Michael Nicolls, vicepresidente de Starlink, pasó a ser presidente de xAI.
El 12 de marzo de 2026, Musk publicó en X: “xAI no se construyó bien la primera vez, así que se está reconstruyendo desde los cimientos. Lo mismo pasó con Tesla”.
Ese mismo día, los dos últimos cofundadores originales se fueron. Musk y Baris Akis, responsable de talento de xAI, revisaron el historial de entrevistas para contactar con candidatos que habían sido rechazados. “Mucha gente talentosa en los últimos años fue rechazada en xAI”, escribió Musk. “Mis disculpas”.
Contrataron a Andrew Milich y Jason Ginsberg, que habían escalado Cursor a una tasa de ingresos de 2.000 millones. También a Devendra Chaplot, cofundador de Mistral AI.
Pero el mensaje era claro: los 11 cofundadores originales no habían construido bien la empresa. Musk necesitaba un equipo nuevo para reconstruirla desde cero.
El espacio que no es más barato
El argumento orbital de Musk suena convincente. Energía solar gratuita. Refrigeración por vacío. Ninguna restricción terrestre.
Pero los expertos son escépticos.
El coste de lanzar un satélite sigue siendo astronómico. Starlink tiene 8.000 satélites en órbita, dos tercios de todos los satélites LEO activos. Pero eso es para telecomunicaciones, no para computación intensiva.
Los centros de datos terrestres funcionan porque la energía es barata, la conectividad es redundante y el mantenimiento es posible. En el espacio, un fallo de hardware significa lanzar otro satélite. La latencia de subida y bajada de datos —ida y vuelta a través de la atmósfera— añade retrasos de milisegundos que la IA de alta frecuencia no tolera.
Y hay algo más: Terafab.
En marzo de 2026, Musk anunció una joint venture de 20.000-25.000 millones entre Tesla, SpaceX y xAI para fabricar chips de 2 nanómetros. Objetivo: 100.000 obleas al mes.
Esos chips son para los centros de datos orbitales. Pero la fabricación de semiconductores de 2 nm requiere infraestructura terrestre, agua ultrapura y una cadena de suministro que el espacio no puede proporcionar.
La visión orbital está, en el mejor de los casos, a una década de distancia. En el peor, es una fantasía que justifica una OPV.
El giro polémico
Aquí está el truco que nadie menciona.
SpaceX no va a bolsa como una empresa de cohetes. Se presenta como un “motor de innovación” que combina IA, cohetes, internet espacial y medios.
La OPV, prevista para junio de 2026, apunta a una valoración de más de 2 billones. Superaría la OPV de Saudi Aramco (29.000 millones en 2019) como la mayor de la historia. Podría recaudar 50.000 millones.
Pero la valoración no se basa en los cohetes. Se basa en la narrativa de los centros de datos orbitales. En la promesa de que Musk puede hacer lo que Amazon, Google y Microsoft no pueden: poner la IA en el espacio.
La ironía definitiva: la misma xAI que Musk admite que “no se construyó bien la primera vez” es ahora el pilar de una valoración de 2 billones. Los 11 cofundadores que se fueron son reemplazados por contrataciones de última hora. La tecnología se “reconstruye desde los cimientos” mientras la empresa se prepara para la OPV más grande de la historia.
Y en mayo de 2026, Musk disolvió xAI como empresa independiente. Grok, X y todo lo demás pasaron a la división SpaceXAI. Ya no hay xAI. Solo hay SpaceX, con una división de IA que pierde 1.000 millones al mes, que depende de los beneficios de Starlink y que promete satélites que procesarán IA antes de 2028.
Traducción: la fusión no trata sobre tecnología espacial. Trata sobre convertir una empresa que pierde dinero en una historia capaz de vender acciones.
La pregunta que no te dejará dormir
Si mañana un empresario te ofreciera comprar acciones de una empresa que fusiona cohetes, IA y redes sociales —valorada en 1,25 billones, con una división que pierde 1.000 millones mensuales, sin cofundadores originales, reconstruyendo su tecnología “desde los cimientos” y prometiendo centros de datos en órbita en dos años—, ¿invertirías?
¿O preferirías admitir que la única diferencia entre una visión espacial y un esquema Ponzi es que el primero tiene cohetes reales y el segundo solo necesita que creas que los cohetes llegarán a tiempo?
