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Lo que no te cuentan: Lo Que No Te Cuentan De Fernando Pérez Algaba

Lo que no te cuentan: Lo Que No Te Cuentan De Fernando Pérez Algaba

Brief de 20 segundos

  • # Lo Que No Te Cuentan: El influencer argentino que vendía Lamborghinis en Instagram, estafaba con camiones fantasma y terminó descuartizado en una valija roja
  • Fernando Pérez Algaba tenía un millón de seguidores en Instagram. Posaba con Lamborghinis, motos de agua y frases motivacionales. A los 41 años, era un moroso "irrecuperable", con 1.227...
  • Fernando Pérez Algaba empezó repartiendo pizzas.

Hilo sobre el influencer argentino con un millón de seguidores que vendía Lamborghinis en Instagram y estafaba con camiones fantasma en Estados Unidos. Tenía 332 mensajes de amenazas. Fue a cobrar una deuda. Lo encontra…

Lo Que No Te Cuentan: El influencer argentino que vendía Lamborghinis en Instagram, estafaba con camiones fantasma y terminó descuartizado en una valija roja

Fernando Pérez Algaba tenía un millón de seguidores en Instagram. Posaba con Lamborghinis, motos de agua y frases motivacionales. A los 41 años, era un moroso "irrecuperable", con 1.227.000 pesos de deuda bancaria, 332 mensajes de amenazas en el teléfono y una estafa piramidal de camiones que nunca existieron. El 18 de julio de 2023, fue a cobrar una deuda de 60.000 dólares. Le dispararon dos veces por la espalda, lo seccionaron y lo descartaron en una valija roja en un arroyo de Buenos Aires. Los niños que encontraron sus piernas estaban jugando al fútbol.

Fernando Pérez Algaba empezó repartiendo pizzas.

A los 17 años se emancipó. Coordinaba viajes de estudiantes a Bariloche. A los 24, vendió su primera motocicleta y saltó al negocio de autos de lujo. Fundó Enjoy Rental Car en Miami. Se mudó a Barcelona. Apareció en portales de noticias contando su historia de "empresario hecho por sí mismo".

En Instagram, casi un millón de personas lo seguían. Subía fotos en yates, en gimnasios y con autos deportivos. Escribía frases sobre el éxito, la perseverancia y la mentalidad ganadora.

Pero el sistema financiero argentino lo clasificaba como moroso "irrecuperable". Debía 1.227.000 pesos a bancos. Había perdido 140.000 dólares en criptomonedas. Y tenía 332 mensajes de amenazas en su teléfono.

"Todos tus amigos te quieren entregar", decía uno. "Yo no te voy a matar, te voy a arrancar la cabeza", decía otro.

La última frase resultó profética.

La estafa de los camiones que nunca existieron

Pérez Algaba no solo vendía lujo. Vendía confianza.

Y la confianza tenía un precio: camiones en Estados Unidos que no existían.

La maniobra era un esquema Ponzi con ropa de inversión seria. Captaba inversores en Argentina para comprar camiones en pool en Estados Unidos. Prometía dividendos según la facturación de fletes. Incluso ofrecía una aplicación donde los inversores podían "seguir" el recorrido de su camión, la carga, el chofer y los gastos de mantenimiento.

Todo era falso.

Durante tres meses, los inversores cobraban. En el cuarto, los dividendos dejaban de llegar. Los estafadores desactivaban la empresa pantalla y desaparecían. La mentira duraba exactamente cuatro meses.

Pérez Algaba usaba su perfil de influencer —con un millón de seguidores que nunca interactuaban con él— para generar confianza y sumar víctimas.

Pero el dinero no fluía solo hacia él. También salía.

Le debía 150.000 dólares a Nahuel Vargas y Maximiliano Pilepich, sus exsocios. Le debía 300.000 dólares a un barrabrava de Boca. Tenía conflictos con un jefe narco preso en Ezeiza. Había pedido prestada una pistola Bersa a una amiga porque "tenía miedo".

Vivía entre Barcelona, Miami y Buenos Aires. Pero el 13 de julio de 2023 volvió a Argentina para cobrar.

La cita en General Rodríguez

El 18 de julio, Pérez Algaba salió de su departamento en Ituzaingó.

Tenía una cita en el barrio privado Renacer, en General Rodríguez. Pilepich le debía 60.000 dólares de un total de 150.000. La escribana Flavia Bomrad —pareja de Pilepich y amiga de la víctima— había concertado el encuentro en una notaría de Castelar para "cancelar la deuda documentada".

Era una trampa.

En algún lugar del predio en construcción, le dispararon dos tiros por la espalda. Luego seccionaron su cuerpo. Lo embalaron en una valija roja marca Brandy, una mochila negra y bolsas de consorcio.

Entre el 23 y el 25 de julio, los restos aparecieron en el Arroyo del Rey, en Ingeniero Budge. Unos niños que jugaban al fútbol encontraron la valija roja con brazos y piernas. Días después, la policía encontró la cabeza y el torso en una mochila.

Lo identificaron por los tatuajes.

El giro polémico

Aquí está el truco que nadie menciona.

Fernando Pérez Algaba no era un genio criminal. Era un intermediario descartable en una cadena de estafas que ya existía antes que él y seguirá después.

El esquema de camiones fantasma no lo inventó él. Es un modelo replicable que explota la distancia geográfica, la complejidad jurídica internacional y la codicia de quienes creen que pueden hacerse ricos sin moverse del sillón. Pérez Algaba solo le añadió un ingrediente moderno: el marketing de influencer.

La ironía definitiva: el hombre que vendía confianza a través de una pantalla murió porque confió en una cita que le concertó una "amiga" a través de una pantalla. El mismo mecanismo que usaba para estafar lo usaron para matarlo.

Pero hay algo más incómodo.

En el expediente judicial coexisten 32 hipótesis sobre posibles autores. Treinta y dos personas o grupos distintos tenían motivos. El juicio oral comenzó en abril de 2025 con ocho acusados. Pero el verdadero sistema que produjo la muerte de Pérez Algaba no está entre los imputados.

Está en la plataforma que le dio un millón de seguidores sin verificar quién era. En la industria del trading que vende riqueza sin riesgo. En la economía argentina que empuja a los jóvenes a buscar salvación en esquemas que explotan la desesperación.

Pérez Algaba era estafador y estafado a la vez. Depredador y presa. Influencer e influencerado. Y cuando murió, la misma maquinaria que lo creó lo convirtió en contenido: podcasts, documentales e hilos de Twitter.

La estafa no terminó con su muerte. Se expandió.

La pregunta que no te dejará dormir

Si mañana un influencer con un millón de seguidores te ofreciera invertir en un negocio que promete dividendos en dólares desde Estados Unidos —y supieras que su "éxito" se construye con autos alquilados, fotos en yates y frases de autoayuda—, ¿invertirías?

¿O preferirías preguntarte por qué un sistema necesita que creas que cualquiera puede ser millonario, mientras descarta los cuerpos de quienes fallan en una valija roja en un arroyo?

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