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Murió por tu like: el “Spider-Man de Yemen” cayó 120 metros en cráter volcánico grabando un reto viral

Murió por tu like: el “Spider-Man de Yemen” cayó 120 metros en cráter volcánico grabando un reto viral

Hilo sobre el “Spider-Man de Yemen”, el escalador de 30 años que murió en un cráter volcánico de 120 metros por grabar contenido extremo, y por qué tu like premia el riesgo que otros pagan con la vida

Lo Que No Te Cuentan: El "Spider-Man de Yemen" escaló sin cuerda un cráter volcánico de 120 metros y murió por tu like

Un influencer de 30 años con más de 200.000 seguidores cayó al vacío en Haradhat Damt porque el algoritmo premia el riesgo extremo

¿Te acuerdas de esa vez que le diste like a un vídeo de alguien colgado de un risco? Él murió. Y tú sigues scrollando.

Al-Dhalea, Yemen. Junio de 2026.

Al-Qa’qa’ bin Antar, de 30 años, conocido en redes como el “Spider-Man de Yemen”, murió el 12 de junio de 2026 tras caer dentro del cráter volcánico Haradhat Damt (o Hardah Dam), de aproximadamente 120 metros de profundidad, en la provincia de al-Dhalea.

No llevaba arnés. No llevaba cuerda. No llevaba equipo de seguridad. Solo su habilidad para escalar paredes verticales, la misma que lo hizo viral y le permitió ganar seguidores y algo de dinero en un país marcado por la guerra y la pobreza.

Resbaló mientras ascendía por las empinadas paredes interiores del cráter. Cayó decenas de metros hasta el fondo, donde hay agua sulfúrica caliente. Los equipos de rescate tardaron casi 24 horas en recuperar su cuerpo debido al terreno escarpado, el calor y los gases.

El hombre que no vuela

Lo llamaban “Spider-Man de Yemen” por su capacidad para trepar riscos y cráteres sin protección, como si tuviera adherencia de araña. No era un superhéroe de cómic con traje de poliéster. Era un joven escalador que desafiaba la gravedad con las manos desnudas y los pies descalzos.

Pero Spiderman tiene guionistas. Él solo tenía un teléfono para grabar y un algoritmo que recompensaba cada vez más riesgo.

“Un influencer conocido como el ‘Spider-Man de Yemen’ murió tras caer en un cráter volcánico mientras escalaba sin equipo de seguridad.”

Así lo reportaron Al Jazeera, Infobae, CNN y otros medios internacionales.

La provincia olvidada

Al-Dhalea, en el sur de Yemen, es una zona de montañas, volcanes inactivos y conflicto armado. El cráter Haradhat Damt no es un parque temático: es un agujero natural de paredes casi verticales y fondo peligroso. Un lugar que atrae a locales y curiosos precisamente por su belleza extrema y su riesgo.

Al-Qa’qa’ no fue allí por turismo. Fue a hacer lo que siempre hacía: escalar, grabar y publicar. Porque en un país con pocas oportunidades, los views y las propinas se convirtieron en su forma de visibilidad y supervivencia.

El giro polémico

Aquí está el truco que nadie menciona.

No murió por ser valiente. Murió porque el riesgo se volvió rentable.

Cada like a un vídeo extremo le decía al algoritmo: “quiero más”. Cada share, cada comentario de “¡qué loco!”, empujaba a creadores como él a subir la apuesta. Él pagó con su vida lo que muchos consumimos gratis con el pulgar.

La ironía definitiva: tú no pagaste por verlo. Él pagó con su vida por ser visto.

No es el primero. Casos similares de influencers y escaladores extremos han muerto en Indonesia, Argentina y otros lugares persiguiendo contenido viral. El algoritmo no distingue entre coraje y imprudencia: solo mide engagement.

La pregunta que no te dejará dormir

Si mañana, al abrir TikTok o Instagram, te aparece un vídeo de un chico escalando sin cuerda al borde de un cráter de 120 metros, sonriendo a la cámara y pidiendo likes —

¿le darías el corazón sabiendo que cada like lo empuja más cerca del borde, o pasarías de largo?

Y si decides no hacer nada, ¿cuántas muertes más necesitas ver antes de admitir que tu scroll también financia este espectáculo?

Al-Qa’qa’ bin Antar tenía 30 años, más de 200.000 seguidores y una destreza que lo hizo famoso en un país que el mundo suele ignorar. Creyó que podía dominar el cráter como había dominado otros riscos. Descubrió, demasiado tarde, que la gravedad no perdona.

El cráter Haradhat Damt sigue ahí. El algoritmo sigue funcionando. Y en algún lugar de Yemen, su familia llora a un joven que solo quería ser visto.

La pregunta no es si los retos virales son peligrosos. La pregunta es por qué seguimos premiando con atención a quien arriesga todo por un like.

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